ORIGINARIO ENGRANAJE.

Dichosos órganos auditivos aquellos que perciben y modulan la interpretación neurótica de ese estímulo que quiere decirnos en un idioma sumiso que hay piezas independientes, solitarias, completas, y tan complejas. Tan utópico como recapacitar cuando sientes tu corazón íntegro.

¿Cuándo?

Cuando ha atinado con su porción fundamental.

En un inicio. En un desarrollo. En un destino.

En un destino atestado de etéreos imprevistos que se apoderan de la virtud de concebir el latido de algo más que de unas cuantas neuronas conectadas para hacernos desear.

Concibe el latido del músculo vital. Aquel que nunca envió señales eléctricas, y ahora sí que envía. Pero aferencias pasionales, aparentemente irreales, indescriptibles.

Sólo aquellas que palpas cuando has hallado esa fracción indispensable e inimaginable. ¿Oniria?

¿Oniria?

¿Es que me has honrado con tu idealismo débil? ¿Con tu capacidad de persuasión?

Al fin mi estro me ha enseñado el itinerario común. Sólo dualmente común. Encajados, enganchados, adictos, intactos, enteros, perfectos a base del vínculo imperfecto de las imperfecciones.

Imperfecciones… ¿destinadas?

Culmen. Esplendor. Modelo. Pureza.

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