ENREDO ENCARNADO.

Casi escucho un profundo sístole que me incita a deambular, por no emplear el denodado verbo “errar”. Si dedico este opulento verbo a lo que mi figura oronda y desenvuelta hace, termina por hechizarme. ¿Me aoja? Quizás no deambulo, sino que acierto.

Qué incordio de obviedades, aspiro a un punto medio… Si para encontrarme tengo que perderme. Desviarme, enviciarme, malear. Da igual.

Diástole. Peligro de arranque. Es de color sicalíptico, aroma sumiso, tenacidad irascible, estampa afable. Irrepimible. Deja de mirar, deja de disertar, deja de balbucir. Expresión ficticia y supuesta que me deja en el punto medio.

Clímax.

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